"Donde se quiere a los libros también se quiere a las personas" Heinrich Heine

miércoles, 21 de octubre de 2015

OCTUBRE, MES DE LA BIBLIOTECA



El 24 de octubre se celebra el Día de la Biblioteca como homenaje y reconocimiento a la labor que desempeñan los bibliotecarios. El objetivo es concienciar a nuestra sociedad de la importancia de la lectura, especialmente entre los niños y jóvenes y para agradecer y potenciar la extraordinaria labor de los bibliotecarios y bibliotecarias.

El Día de la Biblioteca surge en 1997 por una iniciativa de la Asociación Española de Amigos del Libro Infantil y Juvenil,con el patrocinio del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en recuerdo de la destrucción de la Biblioteca de Sarajevo, incendiada en 1992 durante el conflicto balcánico.

En Estados Unidos, la celebración en homenaje a las bibliotecas se iniciaron en 1999 cuando se proclamó el 18 de octubre como el “Día Internacional de la Biblioteca Escolar” por la International Association of School Librarianship – IASL (Asociación Internacional de Bibliotecas Escolares). A partir de 2008, se decidió ampliar el evento al «Mes Internacional de la Biblioteca Escolar» con objeto que cada biblioteca escolar de todo el mundo pudiera elegir un día específico del mes de octubre.

Cada año se encarga a un escritor y a un ilustrador, ambos de reconocido prestigio, la redacción del pregón y el diseño del cartel que se difunde entre todas las bibliotecas de España, asociados e interesados. Este año nos han gustado mucho los dos seleccionados, el escritor Diego Arboleda (que ganó el Premio Nacional de Literatura Infantil en 2014 con el estupendo libro Prohibido leer a Lewis Carroll), y la ilustradora Leticia Ruifernández, que ha trabajado con autores como Antonio Rubio, Daniel Nesquens o Jesús Carazo.

Texto del pregón

Con motivo del Día de la Biblioteca, quiero compartir con vosotros un secreto: el Conejo Blanco casi siempre tiene prisa.
Quizá algunos penséis que esto no tiene mucho que ver con las bibliotecas y que, además, como secreto, deja bastante que desear.
Alicia en el País de las Maravillas se publicó hace 150 años, y desde entonces los lectores de todo el mundo han sabido que el conejo llega tarde, demasiado tarde, y por tanto tiene prisa.
Reconoceréis, eso sí, que no es un conejo cualquiera. Que sepamos, este es el único conejo que usa chaleco y reloj de bolsillo, lo cual plantea una incógnita: si tiene reloj, ¿por qué siempre llega tarde? ¿Quién es culpable de la tardanza? ¿El conejo o su reloj? Los expertos no se han puesto de acuerdo sobre este punto, que ha provocado graves discusiones entre veterinarios y relojeros. Y si se alude al chaleco, es aún peor. Solo hay una cosa más peligrosa que una discusión entre un veterinario y un relojero, y es una discusión entre un veterinario, un relojero y un sastre. Es mencionar el asunto y se desenvainan todo tipo de agujas (hipodérmicas, de coser y de reloj).
Así que mejor volvamos al secreto. El Conejo Blanco casi siempre tiene prisa. Corre porque tiene miedo de que la Duquesa y, sobre todo, la Reina de Corazones ordenen que le corten la cabeza. Pero vosotros, que aún conserváis la vuestra, concentraos en ese casi. Es la clave, el secreto mejor guardado del País de las Maravillas.
Casi siempre. ¿Cuándo no tiene prisa el Conejo Blanco? Solo cuando visita un pequeño edificio escondido tras los árboles del bosque: la biblioteca.
El conejo se toma su tiempo para curiosear entre las abarrotadas estanterías. Tiene un libro en mente pero, cuando se acerca a cogerlo, no puede evitar fijarse en el tomo que lo precede, y en el de más allá (y, como ya sabéis, en una biblioteca, el libro de más allá es al mismo tiempo el libro de más acá de otro libro que está a su lado…). Demasiadas opciones. Lleva tiempo elegir un libro. El conejo sabe que se encuentra en el hogar de la lectura, y la lectura es un placer que se disfruta sin prisa.
Aunque nadie haya mencionado antes esta biblioteca secreta, no lo dudéis, hay una en ese extraño mundo que visitó Alicia. No puede ser de otra forma. Pues a pesar de contar con el Sombrerero Loco, el Gato de Cheshire y la Oruga Azul, a pesar de todos los animales fantásticos y las extraordinarias cosas que allí suceden, todo eso no es suficiente para ganarse el nombre que ese mundo tiene. Un lugar nunca podría llamarse País de las Maravillas si entre sus maravillas no se contara una biblioteca.

                                                                                       Diego Arboleda

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