"Donde se quiere a los libros también se quiere a las personas" Heinrich Heine

martes, 7 de febrero de 2017

IDEAS FÁCILES PARA QUE LOS NIÑOS Y JÓVENES LEAN MÁS

Conviene empezar cuanto antes... ya que es aconsejable que el futuro lector esté desde que nace rodeado de palabras.
                                                                                        Gustavo Martín Garzo
Ilustración: Carlos Riaño

Todos nos preguntamos por qué los niños y jóvenes no leen más. Aquí van algunas ideas fáciles para poner en práctica teniendo en cuenta la edad de los lectores.

3-5 años: lectores incipientes

 

Detenerse en la lectura

Las palabras que el adulto canta y cuenta harás que poco a poco los niños se vayan apropiando de ellas. Durante la lectura en voz alta detente en los diferentes elementos que componen una obra. Desde la imagen de cubierta a cada una de las páginas. Así, el lector irá tomando conciencia del contenido de la historia. Incluso, del enfoque, del tono, etc. El sencillo gesto de prestar atención a las letras que componen el título y el nombre del autor ayudará a desarrollar la conciencia del niño de cómo el título se conecta a la historia, así como como a su autor, a la persona que la inventó.

Inventarse historias con él

Con un libro cualquiera o, mejor, sus favoritos, invita al niño a contar su propia historia a partir de las imágenes. Esto le ayudará a comprender la importancia de la imagen y a interiorizar la estructura básica de una historia: introducción, nudo y desenlace. Esta práctica, una vez asimilado el juego, es extensible a cualquier situación, sin necesidad de libro. En el parque, por ejemplo, elegir a una persona cualquiera e inventar una historia en torno a ella.

Visitar bibliotecas, librerías…
Ilustración: Hellen Keller

Es muy recomendable visitar con los niños espacios vinculados al libro y la lectura , bibliotecas o librerías, desde edades tempranas. Cuantos más libros tengan los niños a su disposición, mejor.

6-8 años: lectores florecientes

 

Crear un espacio para la lectura

Cuando los niños empiezan a aprender formalmente la lectura, se hace especialmente necesario pensar en un espacio adecuado y especial para la lectura.  Sigue siendo recomendable que la lectura sea un acto compartido con el adulto. Para hacer aclaraciones, valorar el nivel de compresión, pero sobre todo para mantener el componente afectivo.

Poner horarios para la práctica de la lectura

La lectura con los niños se puede practicar en cualquier momento, en cualquier lugar. Con canciones, audiolibros y poesías en el coche; leyendo las instrucciones de un juguete nuevo, o una receta de cocina en casa. Pero con el ritmo del día a día también es fácil que no se encuentren ratos para la lectura. Los niños necesitan rutinas para que la lectura se convierta en un hábito igual que recoger su plato de la mesa o lavarse los dientes después de comer. Diez minutos es suficiente para empezar.

Ampliar el espectro de lecturas 

Si los niños se han familiarizado con la lectura en sus primeros años de vida, llega el momento de ampliarles el abanico de géneros y formatos. Audiolibros, apps… son materiales de lectura que, además de acercar historias y proporcionar conocimientos, los ayudarán a ir desarrollando competencias digitales. En esta franja de edad ya se puede empezar a pensar en crear un itinerario lector provechoso. Es importante no escatimar en lecturas. A partir de esta edad los lectores empiezan a definir sus gustos, con lo que si les gusta una lectura es bueno que se pongan a su alcance propuestas afines, bien a través de servicios de bibliotecas o librerías. Hay que brindar a los chicos todo tipo de oportunidades para acceder a la lectura.
Ilustración: Andrea Rivola

9-11 años: lectores en flor

 

Hablar con él de sus lecturas

A partir de los nueve años, aunque los chicos van ganando autonomía. Se puede hablar con ellos de lo que están leyendo.  La conversación es una poderosa herramienta. Además de mostrar interés y respeto por su actividad lectora, ésta nos dará pistas sobre sus gustos lectores y en base a estos podremos hacerle una recomendación, un regalo, o otras sugerencias.

Apuntarlo a un club de lectores

Ilustración: Felicita Sala
Los niños de nueve a once años son lectores frecuentes. Debido a sus obligaciones escolares y extraescolares , conviene seguir ayudándolos a encontrar tiempos para la lectura. La lectura es una actividad con un gran componente social. Y las actividades en las se comparten lecturas son muy poderosas para desarrollar el gusto por la lectura y promover su práctica. Los clubes de lectores refuerzan su itinerario lector. También están disponibles en la Red. Hay servicios especialmente concebidos para niños y jóvenes.

Recompensar sus logros lectores

Por ejemplo, invitarlo a ver en el cine con un amigo a amiga la película basada en el libro que se ha leído. O darle un vale para que se compre lo que quiera en una librería, suscribirlo a alguna revista o servicio de lectura online, valorar sus elecciones, etc.

Desde 12 años: lectores dando fruto

 

Compartir experiencias de lectura

Ilustración: Susana Rosique Díaz
En estas edades, el acto de la lectura ha de ser, además y ante todo, libre y no condicionado. Sin embargo, siempre se pueden buscar oportunidades para la conversación en torno a la lectura. Bien preguntándolos por lo que se traen entre manos, bien compartiendo nuestras experiencias lectoras. En este último caso, si nos limitamos a la literatura, puede ser difícil conectar con el lector actual, por lo se puede pensar en otras ideas fáciles para establecer el diálogo. Por ejemplo, enviándole por Whatsapp (o Snapchat) el enlace a un artículo interesante en la web.

Poner a su alcance lecturas de su interés

En estas edades hay un gran consumo de contenidos digitales por parte de los chavales. Y es especialmente necesario entender la lectura como algo que trasciende al papel impreso, y contemplar la diversidad de soportes que forman parte del día a día del adolescente (música, películas, revistas, cómics, webs, apps…). Aunque si tenemos un lector voraz en casa es fácil que sienta mucho apego también por la lectura en papel. En cualquiera de los casos, tenemos que poner a su alcance lecturas de su interés. Siempre preguntando, fomentando el diálogo, y con una fuerte capacidad de escucha. Nunca imponiendo, la lectura en estas edades debe ser un ejercicio de máxima libertad.
Ilustración: Sarah Warburton

Plantearse con él algún reto lector

Los retos son una estrategia que funciona muy bien casi a cualquier edad, especialmente si los complementamos con una recompensa atractiva. Un viaje en familia al sitio donde se desarrolló la trama de una de sus historias favoritas; un encuentro con su autor o autora preferido, etc. pueden ser grandes reclamos. Aunque pueda no parecerlo, siempre hay algo que puede motivar a los jóvenes en la lectura. Si ,en edades tempranas,nos hemos interesado por su faceta como lector, promoviendo actividades en torno a la lectura, manteniendo el diálogo en torno a ella, en este periodo, sabremos qué ofrecerle si acepta el reto. También puede ser él quien lo proponga. Y nosotros sumarnos, por supuesto. Dar ejemplo es fundamental con todas las edades.

Estracto del artículo de Elisa Yuste: “Ideas fáciles para conseguir que los niños y jóvenes lean más este año


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