"Donde se quiere a los libros también se quiere a las personas" Heinrich Heine

viernes, 10 de mayo de 2013

LA EMOCIÓN, MOTOR DE APRENDIZAJE

Esta es la conclusión principal a la que ha llegado Francisco Mora (Granada, 1945), doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense y que recoge en el libro que acaba de publicar en Alianza Editorial.
"Sin emoción –dice– no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria".
El elemento esencial en el proceso de aprendizaje es la emoción porque sólo se puede aprender aquello que se ama, aquello que le dice algo nuevo a la persona, que significa algo, que sobresale. 
 
"Los niños hoy aprenden, desde muy pronto, conceptos abstractos en habitaciones con ventanales sin mucha luz o luz artificial, con el rigor y la seriedad de maestros que se aleja de aquel “juego” primitivo que generaba aprender y memorizar de lo sensorial directo, “con alegría”, base de la atención y el despertar de la curiosidad".

El entorno de la Neuroeducación contempla que "La enseñanza y el aprendizaje requieren un conocimiento de cómo funciona el cerebro en esos procesos y llevarlo a los maestros y los profesores para que estos finalmente lo apliquen en las aulas"
"La neurociencia cognitiva nos indica, a través del estudio de la actividad de las diferentes áreas del cerebro y sus funciones, que solo puede ser verdaderamente aprendido aquello que te dice algo, aquello que llama la atención y genera emoción, aquello que es diferente y sobresale de la monotonía".

"La atención, ventana del conocimiento, despierta cuando hay algo nuevo en el entorno”
"La atención nace de algo que puede significar recompensa (placer) o castigo (peligro) y que por tanto tiene que ver con nuestra propia vida".

Todo esto podemos relacionarlo con la competencia comunicativa, en concreto con la mediación entre textos y sus receptores que se realiza para activar esa actitud y disposición favorable hacia la afición lectora y que tanto tiene que ver con la emoción. Así lo recoge Luis Arizaleta en su artículo de Libro Abierto del que extraemos estas pequeñas pinceladas.

La mediación es una estrategia metodológica para la didáctica de la literatura y el aprendizaje dialógico, que impulsa a la autonomía personal otorgando a los individuos poder para interpretar y recursos para expresarse.
Por el contrario, la didáctica gramaticalista de la literatura no crea vínculos bidireccionales con los textos, disuade de la comunicación que conmueve, de la belleza que atrae y emociona, de la hondura que alude y transforma, emitida a través de creaciones literarias orales, escritas y gráficas. 


Una competencia comunicativa satisfactoria, interiorizada y funcional, asocia motivación intrínseca, diversión y comprensión, nutrida por experiencias placenteras, cuanto más tempranas mejor, de comunicación interpersonal mediada por textos: experiencias de lectura en voz alta, álbumes ilustrados compartidos, relatos y narraciones de viva voz… que no tienen por qué interrumpirse cuando los lectores comienzan a dominar el código escrito, antes al contrario, la oralidad debiera jugar un papel activo en la educación literaria a cualquier edad.

Los educadores y familiares tienen la oportunidad de llevar a cabo prácticas transformadoras, evolutivas y gratificantes. Recomienda:

Recuperar la narración, el relato y las historias de vida como fuente de autenticidad comunicativa, conexión entre memoria, imaginación y vivencia, encuentro con el otro.
Leer y disfrutar como adultos de libros publicados en colecciones para niños y jóvenes, y seleccionar aquellos cuyo interés y calidad -por lenguaje, estilo, originalidad estructural o de punto de vista- nos convenzan y que hayan significado experiencias satisfactorias de lectura.
Manejar los fondos de las bibliotecas para seleccionar literatura de calidad, aprovechando textos que consideramos adecuados a la diversidad de intereses y gustos de los lectores en formación.
Recomendar y compartir esa literatura con los lectores en formación teniendo en cuenta la adecuación al grado de desarrollo de su competencia comunicativa. Conversar sobre las experiencias de lectura, poner en común interpretaciones, relacionar lo leído con lo vivido, construir sentido juntos. 

Por tanto vemos como la educación literaria viene de la mano de quienes nos hacen sentir la emoción de sus palabras, de su voz, de su interés y pasión por los textos para que podamos interactuar, tanto con otros como con nosotros mismos, e ir trazando nuestro camino como lectores, lectores que sienten y disfrutan la literatura.

Via: Canal Lector y Libro Abierto

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